Ayer fui a ver a unas de mis amigas de la prepa, ha pasado el tiempo en nosotras. Nos vimos cerca de nuestra antigua escuela y todo al respecto de la situación se sentía extrañamente familiar. Fue como transitar por un recuerdo, todo era muy parecido a como solía serlo y al mismo tiempo era muy diferente. Estuve tan en shock que no tomé ninguna foto. Fuimos a una cafetería en la esquina de la escuela, a dónde solíamos ir seguido cuando aún estudiábamos ahí, pedimos lo mismo que siempre pedíamos siempre que íbamos. Siguen cocinando exactamente igual. Era lunes, entonces había varios alumnos de la prepa deambulando por la zona, con sus uniformes rojos, tan conocidos, tan icónicos. Verlos tan de cerca me hacía sentir como que debía conocerlos, casi saludarlos, casi encontrando una familia en ellos, sólo por habitar el lugar donde yo habité tres años, con la misma vestimenta. Para llegar todos los días caminaba por la calle de Hamburgo desde la estación del metrobus hasta llegar a la escuela, y la serie de lugares, negocios y personas de siempre ayer estuvo un poco cambiada; la estación estaba cambiada, la calle también, había nuevos edificios entre los viejos negocios, las banquetas arregladas frente de ellos. El movimiento y los olores, el sonido de mis pasos contra el piso haciendo eco con la calle. Por poco me sentí perdida. Era irrefutablemente reconocible a pesar de mi pesar y mi dolor. Todos aquellos sentimientos y sensaciones mucho más fuertes que mis recuerdos. Los adolescentes en sus uniformes eran como rostros que no podía ver, eran extrañamente familiares y aún así desconocidos. Aún llegando a la cafetería con mis amigas, fue un poco extraño, fue un alivio. Es muy extraño saber que conozco la zona como la palma de mi mano, cada calle y cada esquina de la telaraña que es la colonia Juárez. Solía saber para dónde estaba todo, solía correr por las calles sin miedo, veloz. No tenía mucho tiempo libre y tenía muchos lugares que recorrer. La zona tiene un enorme contraste con la Esmeralda, tan vacía y tan aislada. El cedart está en medio de todo. Hay todo por todos lados, es un parque de diversiones; y los alumnos como siempre habitan la zona, les pertenece, se acuestan en las bancas y en el piso, andan en grupos, son imperdibles. Me pregunto si saben qué sigue, qué pasa cuando dejan de ser cedartianos. Últimamente con tanta reflexión y tanto pensamiento he recordado mucho de aquel entonces. De la parte esencial de mí que forma el haber estado ahí. Haber sido cedartiana. Es un lugar y un tiempo de mi vida al que no quisiera regresar jamás, y sin embargo siento una terrible nostalgia al respecto. Las personas que conocí ahí, las cosas que viví, las cosas que aprendí, se quedarán conmigo para siempre. Hay un recuerdo en particular entre todos ellos, de mi tercer año en la prepa; del que cabe mencionar recuerdo muy poco debido a mi salud mental en aquel entonces… Yo tenía clases de escultura en las mañanas, a las siete, hacía frío, por un buen rato trabajamos con plastilina para hacer nuestros ejercicios pero a esa hora era muy difícil, estaba congelada y tratar de hacer algo con ella era casi imposible, no teníamos cómo calentarla. Teníamos una bocina y todo el día sonaba música en el taller, cada grupo tenía sus gustos en particular. Para ese momento en el tiempo había cortado con mi ex y esa era la gota que le faltaba a mi vaso para derramarse, puedo decir que estaba increíblemente, inmensamente triste. Todas las clases de escultura yo ponía la música, y siempre ponía el álbum A Rush of Blood to The Head de Coldplay. Lo escuchábamos de principio a fin, sin saltar ninguna canción. Recuerdo la luz de la mañana difusa por el techo de lámina traslúcida, blanca. El frío que nos calaba, las manos adoloridas y pegajosas. Recuerdo que no sentía mi cuerpo. Y solo escuchaba.
Estoy infinitamente agradecida con Marianita, Melany y Josué, por escuchar a Coldplay conmigo todas las clases de escultura, sin jamás pedirme que cambiara la música, sin decir nada, por escucharla conmigo. Su gesto no tuvo igual, y lo qué significó para mí es quizá un poco inexplicable. Lo necesitaba.
Mi experiencia ese año fue un poco inexplicable. Y a veces sigo incrédula de que salí.
En fin, creo que la próxima vez que vea a mis amigas las citaré en otro lado.
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Últimamente siento que nada es real. No sé si es porque quiero que nada sea real o porque estuve dos años completos encerrada en mi casa, sola todo el tiempo. Aunque no es una situación completamente extraña para mí. Es un problema que he tenido desde que recuerdo. Es difícil para mí creer que la vida es real y que estoy aquí, ahora. No sé cómo más explicarlo, pero a veces pienso que quizá morí y todo lo estoy viendo pasar frente a mis ojos, y todo lo que hago es como un dictado y todos mis errores y todos mis logros están predestinados porque ya sucedieron. Y no sé jamás si mi conciencia sobre aquello entonces es nada más que un efecto imaginario sobre el recuerdo de mi vida. Tal vez he visto mucha tele. No creo que sea el caso aquel de que ya morí. Si no probablemente tendrían un poco de sentido las cosas, tal vez me sentiría en paz, de saber qué ya sucedió y ya terminó todo. Tal vez sentiría una calma inigualable, sabiendo que no necesito preocuparme por nada y que solo queda disfrutar la extensa película de mi vida, quizá longeva. Esta falta de calma me deja bastante claro, junto con el dolor que siento, que no estoy muriendo. Necesito un tutorial de como vivir tranquilamente y sin dolor.
Estaba platicando con Rocko sobre un tema parecido a este, acerca de nuestra percepción sobre el tiempo, acerca de la dilatación y el aceleramiento percibido del paso del tiempo. Aparentemente es un caso casi exclusivamente neurodivergente. Solo ciertas personas con una configuración mental específica tienen la capacidad de percibir el tiempo subjetivamente, mientras que la generalidad de las personas con mentes funcionales o "normales" tienen un reloj interno que funciona y por lo tanto son capaces de percibir el tiempo de manera lineal. Es decir que cuando hacen sus actividades cotidianas tienen la capacidad de percibir si ha pasado una hora, o dos, o tres; o cinco minutos o diez. Mientras que el otro tipo de personas, perciben el tiempo a través de una experiencia emocional, y tienen una desconexión con lo sensorial, cómo puede ser el caso de quedarse clavado en una actividad para darse cuenta después de que han pasado seis horas en un momento. O sentir que dos minutos duran una eternidad gracias al tedio de una fila o un momento de tensión emocional. Y esto yo no lo sabía. Yo pensé que todo el mundo percibía el tiempo subjetivamente. Es decir que todos sabíamos que cuando alargan una escena de cinco segundos en una película para que dure dos minutos, lo hacen para demostrar la percepción de los personajes en ese momento, y no nada más por… "efecto dramático". Y que cuando hacen narrativas en desorden temporal o con paradojas de tiempo, lo hacen para darle dinamismo y realismo, o un estilo narrativo, y no para confundir al espectador… pero aparentemente para la mayoría de la gente estas situaciones no son más que tropos narrativos creativos, y no tienen una relación con la realidad. Tal vez sí estoy loca y ya.